Hace unos minutos, antes de escribir estas líneas, platiqué con el gobernador Gabino Cué. Estaba con él justo en el momento que el Congreso aprobó por 'unanimidad' su reforma política. Su semblante era el del estadista y, a su vez, el del político con el mejor acuerdo bajo el brazo.
Después de 89 años se reforma una carta magna estatal poco manoseada. Se crean figuras trascendentes de democracia participativa. El referendum, plebiscito y revocación de mandato serán aplicables desde el momento en el que el periódico oficial publique la nueva ley de leyes. Sucedió algo tan trascendente como planchado en mesas políticas de cabildeo.
Esta tarde, el PRI mostró una cara extraña en el Congreso: muy condescendiente. El propio Elías Cortés, legislador con un perfil agresivo, reconoció al diputado appista Flavio Sosa e, implícitamente, al otrora denostado gobernador Gabino Cué.
El PRI insiste que es su reforma reforzada por las otras bancadas. Las fracciones de la alianza de Cué todo lo contrario. El hecho es que todos los votos coincidieron y aprobaron levantando la mano.
La reforma fue histórica, pero el pacto político interesante. ¿Qué se le habrán prometido al PRI para que su conducta fuera empática? ¿y a los propios legisladores aliancistas rebeldes? ¿Será impunidad a unos y castigo a otros?
¿O quizás - ojalá - soy malpensado y fue un pacto de voluntades políticas divergentes que coinciden en el bienestar ciudadano?
No lo sé. Sólo ellos conocen la respuesta.
LICENCIADO EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN, EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD VASCONCELOS DE OAXACA. CONDUCTOR DEL ESPACIO HECHOS OAXACA. SOCIO FUNDADOR DEL COLEGIO OAXAQUEÑO DE COMUNICACIÓN Y DEL CAPÍTULO OAXACA DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DEL DERECHO A LA INFORMACIÓN.
miércoles, 6 de abril de 2011
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